Publicado en Carta

#3: Cien años de El Ilustrado

Hoy tenía que escribir de usted, señor Sotres. Hoy, irremediablemente, usted vino a mi mente por distintas razones (como porque estoy leyendo un libro que habla de Carlos Madrazo, ese personaje del que tanto nos contó), pero sé que lo he pensado porque hoy que se cumplen 100 años del nacimiento de aquel semanario cultural que usted tanto amó y del que tanto nos enseñó a quienes como files ratoncillos de hemeroteca hemos resguardado —o eso hemos intentado—: El Universal Ilustrado. ¿Sabe? Creo que por usted fue que me enamoré de esa revista; usted me enseñó su valía. Recuerdo con precisión el momento: yo estaba en silencio en mi computadora y usted, en el aparato al lado mío, comenzó a contarme sobre los escritores que ahí publicaban; esas plumas poco conocidas que hacían arte con sus letras. Desde ese momento siempre lo escuché [junto con Aída] atónita. Ahí fue cuando empezamos a conversar: mientras usted consultaba los tomos de El Ilustrado de los años 20, yo le creaba los documentos donde vaciaba las referencias, las citas. Esos escritos suyos los conservo como un tesoro; de vez en cuando los hojeo para encontrar el oro molido del que tanto nos hablaba. ¿Recuerda la vívida charla sobre Martín Luis Guzmán? Yo recuerdo como un día al llegar al trabajo encontré debajo del teclado de mi computadora la nota para que buscara un artículo de Guzmán en El Ilustrado. ¡Qué maravilla! Cada vez que hojeo esos periódicos viejos lo recuerdo y extraño como nunca a las personas que ya no están en esta hemeroteca, como usted, y me doy cuenta de lo sola que a veces me siento en esta morgue de papel, sin nadie con quien conversar ni con quien compartir todos esos hallazgos. Justo hoy, en el Centenario de este suplemento cultural, lamento tanto que aquel proyecto que con tanta dedicación hizo para impulsar la investigación y el rescate de El Ilustrado nunca encontrara eco en este periódico de circulación nacional, sobre todo lo lamento porque quienes aún estamos no podemos pelear la batalla que dejó inconclusa, porque tenemos que sortear otras en las que se nos dice que “hagamos investigación de verdad”, como si sumergirnos en los diarios viejos no arrojara magia. Pero, sobre todo, sepa por favor, señor Fernando Sotres, que cuando Aída y yo nos enteramos de su muerte no encontramos mejor manera de honrarlo que recordando todo lo que nos contó y enseñó; como aquella última charla en el café La Habana, donde por vez primera nos contó de su vida personal. Hoy me habría encantado compartir con usted este Centenario y que en una charla con café hubiéramos recreado aquel 11 de mayo de 1917, donde hubiéramos imaginado cómo las rotativas fueron entintando el papel y dando forma a las primeras páginas de El Ilustrado, el cual se engalanó con el reportaje de Xochimilco con las grandiosas fotos de Carlos Muñana… Por eso hoy, señor Fernando, le agradezco mucho por tanto conocimiento y tantas pistas.

Foto1000

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Autor:

¿Que si escribo? No, imagino que lo hago.

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