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#2: La eternidad

tatuaje

No puedo precisar cuándo ocurrió; en qué momento el impulso se convirtió en una necesidad, en el fehaciente testimonio de que el olvido no existía y la eternidad era posible. Pero sucedió. Y enmarcamos la noche del cinco de enero de 2017 con nuestra intención y compromiso de hacer esto eterno. Los dos llegamos a la cita, nerviosos, dichosos. Creo que era el amor en su pureza máxima lo que había entre nosotros. Yo me podía mirar, transparente, en sus hermosos ojos, mientras que la felicidad carcomía mis entrañas. ¿Es esto posible?, me preguntaba para mis adentros. Tanta felicidad, ¿es posible?, no dejaba de cuestionarme en mis pensamientos. Elegir el modelo fue el reflejo de nuestras personalidades y de nuestra relación: las ideas, los intercambios, las discrepancias, los acuerdos. Porque si algo teníamos en claro era que nos sentíamos vivos y agradecidos de haber vuelto del infierno en el momento en que nos enamoramos y nos entregamos el uno al otro. Por eso, decidimos que fuera ALIVE la palabra [acompañada de un corazón] el primer trazo en nuestra piel, la que encuadrara nuestro amor. La eternidad que nos prometíamos, retando a las adversidades. Ese cinco de enero me sentía nerviosa, sí, tenía miedo del dolor de las agujas marcando con tinta cada trazo del tatuaje con el que vestiríamos nuestros brazos; pero era mayor la emoción y la felicidad que hacían palpitar con ímpetu mi corazón. Primero pasé yo; después él. Yo en el brazo derecho y él en el izquierdo. El objetivo era claro: cuando nuestras manos se entrelazaran y nuestros brazos se acariciaran los dos tatuajes se unirían, como nuestras almas y todo nuestro ser cada vez que nos amamos, cada vez que nos extrañamos y necesitamos, y también cada vez que nos desesperamos y nos lastimamos. Porque ser libres y revivir a causa del amor es la verdadera eternidad.

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#1: Año nuevo

No recuerdo desde cuándo inició la tradición; pero sin falta, los días previos al fin de año, yo me entregaba a la limpieza de mi habitación; la labor podía llevarme días: liberarme de todo aquello que ya no ocupaba o usaba, desde ropa, libretas de apuntes, juguetes [lo que sí recuerdo es que esto lo realizaba desde los años de la secundaria, porque un año tiré algunas de mis libretas de la primaria], lavar toda la ropa sucia, las cortinas, cambiar las sábanas de la cama y si era necesario pintar o hacer algunas remodelaciones [un año tapicé de azul cielo y de estrellas blancas las paredes]. Cuatro años puse en pausa la faena y este 2016 decidí retomarla. Había mucho periódico desperdigado, los libros desbordaban polvo y las horas previas al fin de año me encontré con varias prendas después de años de no vestirlas, porque esperaba el momento oportuno o bajar o subir un poco de peso. Así, toda la mañana, tarde y parte de la noche del 31 de diciembre de 2016 me la pasé limpiando. Para una obsesiva del orden, como lo soy, esto es liberador, placentero y terapéutico. Un día antes un resfriado me había tendido en la cama, pero no me detuvo. Mis padres me vieron tan concentrada que sólo me interrumpieron para despedirse de mí antes de emprender su viaje a Querétaro [donde celebrarían Año Nuevo con unos amigos y donde decliné ir]. A las 10 en punto, luego de alimentar a Lady, Tito y Roma [mis fieles acompañantes], tomar una ducha que supo a gloria y vestir mi pijama más afelpada, calenté la cena que mi madre amorosamente me dejó  y serví el vino que mi hermano y su esposa habían dejado en Navidad. Era la primera vez que pasaba la noche vieja sola. Al terminar los alimentos y la botella de vino, que acompañé con chocolates, almendras y cerezas, una fatiga me invadió y caí dormida frente al televisor donde ya se reproducía la selección de películas con las que despediría 2016. Desperté 10 minutos antes del cambio de año, por la música y los cuetes de mis vecinos. Lady, Tito y Roma ya me habían rodeado en la cama, los abracé cuando el reloj marcó el minuto final y el primer minuto. Luego nos arropamos bajo las cobijas, bajo el aroma a limpio: a canela y manzana del limpia pisos; a violetas de las sábanas. La luz que entraba por las ventanas sin cortinas nos arrulló. Para mí 2016 ya había terminado dos días antes. Justo en el momento en el que él me rodeó por la cintura y dejó de mirarme con sus profundos ojos tornasol los minutos en que me besó. Esa noche nuestras almas se amaron y fue en ese momento que comprendí que 2016 ya  había terminado; ya se había llevado lo que debía y me había dejado lo que necesitaba, sólo le faltaba un poco de orden a mi habitación.